Las leyendas siempre han sido algo de vital importancia en la transmisión de nuestra cultura, a través de ellas comprendemos mejor nuestra historia, las peculiaridades de nuestro entorno y  herencia cultural. La mitología vasca es bastante rica en las referencias a dioses o genios que adoptan figuras animales entre los que destacan el caballo, el toro, la vaca, el macho cabrío, el carnero o el cerdo. También se hace referencia a otros animales en los que se encarnan como el perro (que es el que nos interesa), las abejas o los asnos; aunque en el caso de estos últimos puede deberse a que están considerados animales sagrados. Es por esto ciertas creencias tradicionales de que partes del perro tienen propiedades curativas, que es uno de los animales en los que se transforman las sorguinas o brujas cuando corretean o se hace referencia a los perros en numerosos dichos populares y refranes vascos. En este espacio vamos a intentar hacer un pequeño recopilatorio de algunas de las leyendas que hacen referencia a los orígenes del EAT, a su presencia sagrada en la mitología y al carácter apegado al amo de estos perros pastores.

LEYENDA EUSKAL ARTZAIN TXAKURRA

Cuenta la leyenda que hace miles de años, en la región que hoy se conoce como Gipuzkoa, había un enorme lobo cuyas fauces estaban siempre abiertas y dispuestas a devorar a cuanto ganado o persona apareciera.

Los habitantes de la zona estaban aterrados porque tal era su atrevimiento que entraba a las casas a llevarse corderos, terneros e incluso atacaban a las personas que se cruzaban en su camino.

Los ancianos se reunieron y discutieron las posibles soluciones; unos que se debía organizar una partida para darle caza a pesar de haberse intentado con anterioridad con efectos desastrosos. Otros que se hiciera una trampa con las redes de pesca que tenían, pero también se había utilizado esta opción llegando a romper las redes y llegando a atacar a los valientes que se aventuraron en la emboscada.

Hubo quien dijo que se dejasen en los caminos a los caseríos un cordero cada noche, a fin de que, lleno su estómago, el lobo no los atacase. Aun así el animal continuaba con su camino de muerte y destrucción.

La situación era tan desesperante que decidieron acudir a la Dama de Anboto. Levantaron una pirka de piedras en su honor, quemaron albahaca y romero, y con piedras formaron un enorme lauburu en todos los accesos al caserío.

Entonces, Mari, la Dama de Anboto, envió a un basajaun para que los defendiese de la bestia y por su parte, el señor de los bosques, que se llamaba Orkan cortó rápidamente varios árboles, afiló sus puntas y los colocó alrededor de cada entrada de los caseríos; luego preparó una gran hoguera donde comenzó a asar a un ternero y se sentó a esperar.

Atraído por el olor de la carne, muy poco después, apareció el gran lobo. Esquivó los troncos afilados y se acercó al banquete preparado por Orkan. Éste lo enlazó rápidamente con una soga y le dio una gran paliza logrando que el lobo de unos altos alaridos fuera aplacando su mal y feroz carácter.

El basajaun lo arrastró junto a él, le hizo recorrer los montes a su lado, le dio comida y abrigo, y le hizo reconocer las tareas pastoriles, hasta domesticarlo. En poco tiempo el animal aprendió a proteger y cuidar el ganado.

Desde entonces, el lobo unió su vida con los pastores y se mezcló con los perros, así surgió una gran descendencia que son los actuales perros pastores vascos de los pirineos.

Una raza ancestral, que se destaca por la predisposición al trabajo, su gran entendimiento y astucia.

(Fuente: Jose Asensio Larrinaga)

 

LEYENDA DEL PERRO PASTOR DE LEGAIRE

Cuenta una leyenda de la Sierra de Entzia, que en una de las chozas de las Campas de Legaire hace muchos años, cuando aún abundaban en nuestra tierra los lobos, vivía un pastor con su rebaño y un hermoso y hambriento perro de raza “pastor vasco rojillo” llamado Oski.

Un día que el pastor tenía que bajar a Agurain para aprovisionarse de comida para una temporada, dejó al perro al mando del rebaño. Pasó el día en el pueblo y al volver con las provisiones, se encontró con un espectáculo aterrador, el rebaño que había dejado tranquilamente pastando se encontraba totalmente atemorizado, algunas de las ovejas se encontraban salvajemente heridas y otras yacían muertas, habían sido atacadas brutalmente por algún animal.

El pastor al no ver a Oski, creyó que el causante de la barbarie era su hambriento perro, enfurecido cogió su escopeta y fue en su búsqueda, en ese preciso momento el can apareció entre las hayas cubierto de sangre, al verlo con la boca llena de sangre, éste interpretó que había sido su perro el causante de la masacre, el pastor fuera de sí y lleno de furia le disparo con su escopeta.

Al poco tiempo salió corriendo, buscando más ovejas heridas y se encontró con un enorme lobo muerto y se dio cuenta de su gran error, la sangre que traía el perro pastor era de la lucha que había mantenido con el lobo y no por haber atacado a sus ovejas.

Cuando el pastor se dio cuenta de lo que había hecho con su fiel perro y que había sido el lobo quien había atacado al rebaño, cogió la escopeta instintivamente y aguantando el gatillo se apuntó con ella, en ese mismo momento antes de que se volara la cabeza, el pastor contempló como el perro, todavía atontado, por el tiro que le había dado de refilón en la cabeza se levantaba e iba hacia él dispuesto a olvidar la injusticia y perdonar su gran equivocación… y de paso seguir matando lobos…

 

LEYENDA DE LA JOVEN MARI DE TXINDOKI

Esta señora había sido hija de un caserío de Amezketa llamado Iradi. Faltoles cierto día una vaca roja. Mari fue encargada por su madre para que la buscara; pero ella no quiso hacerlo, porque era tarde y anochecía. Entonces su madre la maldijo, diciendo; “el diablo te lleve, si no la traes”. La joven Mari salió a buscar la vaca. En el campo se le apareció el diablo en forma de vaca roja. Mari creyó que era la suya, y acercándose a ella, la agarró por la cola. Y la supuesta vaca, tomando una carrera precipitada, arrastró a Mari a la cueva de Txindoki que está en la peña de Larrunarri (Aralar).

Al entrar en la cueva Mari dijo estas palabras: “lrabi lrabi dan bilarten txango edo mangorik ezta paltako” (mientras Irabi sea Irabi no faltara (en casa) cojo o manco). En efecto, nunca desde entonces han dejado de cumplirse estas palabras.

Cuando la familia de Mari averiguo donde se hallaba la joven, se presentó delante de la cueva de Txindokì con un sacerdote para ver si podía librarla de aquella prisión, celebrando a su vista una misa; mas, por haberse olvidado el atril, no se pudo celebrar esta. Todos vieron a Mari dentro de la cueva y a su lado un perro rojo tendido en el suelo que era el diablo. Mari les dijo que se apartasen de allí, pues si el perro despertaba, perdería a todos. Se retiraron pues, y Mari quedose en la cueva para siempre.

Muchos la han visto delante de la cueva devanando hilo. También se traslada con alguna frecuencia de Txìndoki a Muru, o viceversa.

Cuando se halla en Txindoki no cae ningún pedrisco en Amézketa, ni en los pueblos circunvecinos; pero sí, cuando se halla en Muru.

(Relatado por José Francisco de Ipintza, de Abalziskeia, en 1923).

 

LEYENDA DEL PERRO NEGRO

Cuentan que en vísperas de su boda, un mozo de Berriz, en Bizkaia, andaba repartiendo las invitaciones a familiares y amigos. Al pasar por delante del cementerio vio una calavera que probablemente se le había caído al enterrador al llevarla al osario.

—Tú también quedas invitado a mi boda mañana —dijo, dándole un puntapié—. ¡Si es que puedes venir!

Y el joven prosiguió su camino tan campante. Al poco rato, se dio cuenta de que un enorme perro negro le seguía, y de que en su mirada había algo aterrador que le puso los pelos de punta. Al llegar a casa, su madre se asustó al ver su cara tan pálida.

—¡Qué mala cara traes! —exclamó—. ¿Qué te ocurre?

El hijo le contó lo que había hecho al pasar por el cementerio, y cómo, desde entonces, le seguía un gran perro negro. La madre se asomó a la ventana y vio que, en efecto, había un perro negro ante la casa con los ojos clavados en ella.

—¡Ay, hijo! —dijo la mujer—. ¡Vete inmediatamente a ver a Don Marcial! Es muy viejo y tiene fama de brujo, él te dirá lo que tienes que hacer. ¡No pierdas el tiempo! ¡Corre!

El joven fue a ver al viejo y le contó lo que ocurría. Don Marcial caviló durante un buen rato y luego observó al perro, que se había detenido a unos metros de su casa.

—Has hecho mal en darle un puntapié a la calavera —le dijo por fin—. El perro es el guardián del muerto, e intentará vengarse de ti por la ofensa. Pero aún puede haber una solución: cuando comience el banquete de bodas, coges al perro y lo pones a tu lado y, antes de servir a los invitados, haces que le sirvan primero a él.

El joven recordó las palabras del anciano, y al día siguiente, a la hora del banquete, puso al perro junto a él y le sirvió de cada plato antes que a los invitados.

Naturalmente, todos los presentes se quedaron tan asombrados ante el comportamiento de novio que empezaron a pensar que, una de dos, o quería gastarles una broma o estaba loco de atar.

—¿Cómo puedes darle a un perro los bocados más exquisitos? —le preguntaron—. ¿Te has vuelto loco?

—No me preguntéis la razón por la que lo hago —les respondió él—. Basta con que yo la conozca.

—Has hecho bien en seguir las indicaciones del anciano, porque si no lo hubieras hecho, habrías sufrido un gran castigo —le dijo el perro al finalizar el banquete—. Yo soy el guardián de mi amo, y él me envió para vengarle por tu grave ofensa. Ahora te perdona y ya no volverás a verme.

Dicho esto, el gran perro negro desapareció de la vista, dejando a todos sorprendidos y aliviados.

( Toti Martinez de Lezea “Leyendas de Euskal Herria”)

Está es una de las leyendas que muestra cómo se cree que los perros siguen a sus amos cuando éstos mueren, y que son los guardianes de sus huesos. En otros casos, los perros errantes son almas en pena que esperan a que alguien repare el daño que en vida hicieron.

Por ejemplo, R. Mª de Azkue cuenta que en la zona de Barakaldo, a la noche siguiente de fallecer una persona, aparecía un perro llevando en el hocico una tea qué despedía fuego y llamas. Al ver a alguien, se zambullía en el primer arroyo que encontraba y desaparecía.

Así, siempre se dijo en el Pueblo Vasco que los perros siguen a sus amos aun después de muertos éstos, pues ellos son los guardianes de sus huesos. Esta cualidad se refleja especialmente en los perros pastores vascos que son muy fieles al amo.

Algunas de estas leyendas han sido tomadas de la web http://mitologiadevasconia.amaroa.com/

 

Sueta y Artzain

Autor (es) : Sueta y Artzain

Sueta y Artzain: curios@s y enamorad@s de estos perros. Tratando de aportar un granito de arena para que se les conozca y comprenda mejor, pudiendo así disfrutar de ellos durante mucho tiempo.